Avatar: un western futurista
Exceptuando la triología del Señor de los Anillos (dirigida por Peter Jackson), nunca me he sentido muy atraída por las superproducciones cinematográficas. Pero esperaba con anhelo el estreno de Avatar, aún sin haber visto ninguna película de su director, James Cameron. Sí, ni siquiera Titanic. Pero esta vez era diferente, no sé si por los grandes avances tecnológicos, por la curiosidad que me produce el fenómeno de los avatares (puedes vivir dentro de otro cuerpo en una realidad virtual) o porque me hago mayor y con ello menos exigente. Sea por lo que fuera no me la iba a perder.
Esperé una semana después de su estreno para no enfrentarme a colas y primeras filas. Pero cual fue mi sorpresa cuando una antipática taquillera me contestó que no quedaban entradas para el modo 3D ni para esa sesión ni para la siguiente. Algunos amigos me habían recomendado verla solamente en sistema 3D, así que descarté la opción de verla en 2D, como hasta ahora hemos visto todas las películas en el cine.
Durante los siguientes días intenté comprar las entradas por internet, pero día tras otro las salas estaban llenas. Finalmente lo conseguí. Ese mismo día escuché a mi vecina comentar que había ido ya dos veces a ver Avatar y que pensaba ir una tercera. No en vano, Avatar es uno de los estrenos más esperados y caros de la historia del cine. Ha costado la friolera de 300 millones de dólares, pero sólo en 10 días ya ha recaudado 600.
Y llegó el día. Hasta el momento había oído de todo sobre la película, desde que no tenía argumento y no valía nada, hasta que era maravillosa. Por fin lo iba a comprobar por mi misma. Me senté en mi butaca, me coloqué unas enormes gafas para ver el efecto 3D y me entregué a la película. Es el 2154 y una colonia de humanos ocupan Pandora, una luna del planeta Polifemo con ambiente similar a la Tierra y una exuberante naturaleza, con el fin de extraer un raro y valioso mineral que puede solucionar la crisis energética. Pero existe un obstáculo para la obtención de este mineral:los Na’vi, habitantes de Pandora. Como la atmósfera de Pandora resulta tóxica para los humanos, se crea el programa Avatar, en el que “conductores” humanos tienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota y que han sido creados genéticamente combinando ADN humano con ADN de los Na’vi. Uno de estos conductores es Jake Sully (interpretado por Sam Worthington), un ex marine confinado a una silla de ruedas. A Jake se le asigna la misión de infiltrarse entre los Na’vi y así conseguir información para obligarles a alejarse del preciado mineral. En su forma de avatar, Jake es admitido en el clan Na’vi con los que vivirá grandes aventuras. Aprenderá a ser uno de ellos y acabará luchando con los Na’vi para salvar Pandora.
La visión 3D te ayuda a sumergiste en los maravillosos escenarios, que recuerdan a los de algunos videojuegos. Y los movimientos y expresiones de los Na’vi son tan reales, que no parecen generados por ordenador. Cameron concibió este proyecto incluso antes de rodar Titanic, pero lo aparcó porque entonces no existía la tecnología necesaria para crearlo. Lo retomó en 2005, cuando la técnica requerida ya estaba al alcance de su mano. Se ha desarrollado numerosa tecnología específica para este proyecto, entre ellos el nuevo sistema de “captura de interpretación facial basado en imágenes” y la “Cámara Virtual” que le permitió rodar escenas dentro de su mundo generado por ordenador como si estuviera rodando en un escenario. El estudio de Peter Jackson Weta Digital fue el encargado de animar a los Na’vi.
Y sí, Avatar si tiene argumento, aunque no sea nada nuevo. Es un argumento de sobras conocido e interpretado por el cine y por la historia: como la codicia humana conduce a invadir territorios y a luchar contra sus pobladores. “Yo quería crear un tipo de aventura corriente en un ambiente poco corriente”, comenta Cameron. A mi me recuerda a un western, en el que los colonos luchan contra los indios. Pero en el futuro. Y precisamente por eso, aún tiene la posibilidad de vencer.
También creo observar un mensaje ecologista. En Pandora, los Na’vi viven en equilibrio total con su habitat. Su deidad es pura energía y protege el equilibrio de la vida, un equilibrio amenazado por los humanos. En una época en el que el debate sobre la sostenibilidad del planeta está en auge nace el siguiente mensaje: ¿es lícito explotar al límite los recursos a costa de la deforestación y la destrucción de los entornos naturales? Por desgracia, este tampoco es un argumento nuevo.
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