Invisible: Auster sabe lo que buscas
Paul Auster sabía lo que esperabas de su nueva novela: una intrincada historia marca de la casa, unos personajes que permitan destilar la intelectualidad y habilidad del autor para jugar con ellos, su aderezo habitual del azar como mágico detonador de vidas aparentemente corrientes, la omnipresente y encantadora Nueva York como escenario de la trama o un nuevo capítulo de su disección de la sociedad americana moderna. Todo esto está en ‘Invisible’, su última novela. Es una superestrella y lo sabe (tiene asegurado un buen puñado de críticas afines consagrándola como “la mejor obra hasta la fecha de Auster”). Y no arriesga, pero no decepciona ni mucho menos. En esta ocasión abandona su registro más metafísico en favor de una historia en la que subyace una velada crítica a la política militar americana de los últimos cuarenta años.
En una historia en cuatro partes, Auster juega con maestría el punto de vista narrativo en cada una de las partes que la componen. Primavera, la primera parte, se situa en 1967. Adam Walker (un aventajado estudiante de literatura en la Universidad de Columbia) conoce a una pareja de franceses (él, Rudolf Born, profesor de su universidad, ella seductora profesional) cuyas proposiciones pondrán a prueba su pretendida madurez. De fondo, la guerra de Vietnam. En primer plano, una historia intrigante y sensual contada en primera persona. En la segunda parte utiliza un intercambio de correspondencia para contar qué hizo Walker el verano del 67. Una narración en segunda persona de un enfermo Walker para seguir ahondando en su personalidad, marcada para siempre ese verano. Una relación incestuosa, una familia torturada por una tragedia y un sentimiento de culpa. Un narrador cuenta en la tercera parte el viaje de Walker a París en otoño. Una casualidad en parte buscada le hace reencontrarse con Born. Ganas de tomar la revancha ante un enemigo mucho más peligroso de lo que pensaba. Una última parte centrada en Born, cierra una historia que atrapa por completo desde la primera página.
Hay que reconocer la gran habilidad de Auster para tejer historias que enganchan como la de Invisible. Guiños al lector, autorreferencias, parodia de su profesión de escritor,… en definitiva, Auster en estado puro. En una linea cerca a Brooklyn Follies pero sin llegar a ese punto de redondez y, si se me permite, con unos personajes más planos que las aristas que plantean sus acciones. Pero Auster sabía que esperabas de él una gran novela. Eso es lo que te ha dado.
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